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Bailen rescata sus miradores

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Las obras de rehabilitación se contagian de portal a portal y redescubren la calle que se asoma al Ensanche detrás de una trinchera

BILBAO.  Hay calles que, a fuerza de recorrerlas con prisa y en días lluviosos, se desdibujan. Simplemente dejamos de mirarlas hasta que un día, al levantar la vista, descubrimos que se han hecho mayores o se han quitado años de encima. Así ha ocurrido con Bailén, la vía que enlaza Abando y Bilbao La Vieja, a sólo unos pasos de la plaza Circular. Las obras de rehabilitación impulsadas por Surbisa se han ido extendiendo hasta alcanzar a 19 portales, algunos todavía con andamios. Los ascensores facilitan la vida de los vecinos y las fachadas redescubren detalles de calidad. Lucen con orgullo sus miradores y se asoman más que nunca al centro de la ciudad, a pesar de la trinchera que les separa.

Como dice el arquitecto Tomás Pineño, que vive aquí y ha realizado dos proyectos de reforma, «en realidad siempre hablamos de la mitad de la calle Bailén». La que tiene una acera transitable, la que no está invadida por las vías y los pabellones de Renfe. A él le conquistó la perspectiva que ofrece su balcón. Desde allí todo parece al alcance de su mano, e incluso ve el Palacio foral al otro lado de la trinchera ferroviaria. El día que deje de existir esa muralla «se llegará en línea recta desde General Castillo hasta Bertendona. ¡Ojalá dejaran un gran parque rodeado de casas entre García Salazar, Bailén y Hurtado Amezaga!», imagina.

No es el único que lo ha soñado. Aunque no se le llegó a poner fecha, el proyecto de la estación del TAV en Abando, que incluía el soterramiento de las vías, se presentó con todos los honores en enero de 2010. «Mucha gente se animó a venir pensando que iban a quitar la barrera», cuentan Karmele Díaz y Beatriz Santorcuato, que tienen aquí su estudio de arquitectura. Ellas han restaurado el número 39 con un luminoso azul, recuperando los azulejos originales de la fachada, obra realizada por la empresa LOIZAGA construcciones, experta en este tipo de actuaciones que requieren una amplia capacidad técnica.

El proyecto de la estación del TAV ha entrado en vía muerta, pero Bailén, a su ritmo, se sigue moviendo. El detonante fue la urbanización de la calle, que mejoró el alumbrado y ensanchó notablemente la acera. Las obras terminaron en 2008 y coincidieron con la época de las mayores subvenciones de Surbisa para la rehabilitación de Bilbao La Vieja.

Las ayudas públicas han sido el gran aliciente para poner al día estos edificios, que se construyeron entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La aportación de Surbisa y el Gobierno vasco cubría, por término medio, la mitad del coste de las obras. Depende de la renta de las familias, aunque en algunas intervenciones, como carpintería y aislamiento térmico, podían beneficiarse todos los vecinos sin límite de ingresos. Ahora, con el recorte presupuestario, quedan fuera quienes cobran más de 33.000 euros al año, salvo en el caso de obras estratégicas que afectan a varios portales. «Para las personas con menos recursos, las cuantías son parecidas a las de antes», precisa la directora, Marta Ibarbia.

El cambio es apreciable desde el arranque de la calle –donde Adif reforma el primer rascacielos de Bilbao, de 1946– hasta la confluencia con San Francisco. Allí se alza el edificio más señorial de todos, construido hacia 1890. «Tuvieron que gastarse una fortuna», dice Gorka Olalde, arquitecto técnico de Surbisa, fijándose en la calidad de la piedra y los diferentes tipos de ornamentación.